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Cecilia Vega
Profesora de universidad en desarrollo infantil |
Nunca es demasiado pronto para interesar a los niños en los libros. Empiece a leerles muy temprano en la vida para que el amor por la lectura se desarrolle y permanezca con ellos a través de los años.
Recomiendo libros apropiados a la edad. No puede esperar que un niño de dos o tres años se siente por mucho tiempo, con un libro complicado.
Empiece con un libro de cinco minutos y luego vaya estructurando la historia con voces, personajes, cantos y rimas, para que la lectura sea más interesante para ellos.
También recomiendo preparar a los niños para la hora del cuento. Por ejemplo, si va a leer un libro sobre un pez, toque un CD con sonidos del océano y haga preguntas sobre lo que están escuchando.
También se debe sostener el libro para que los niños vean la pasta y preguntarles sobre de qué piensan se va a tratar el cuento. Para cuando llegue el momento de leerles, su imaginación ya estará trabajando y estarán realmente entusiasmados de escuchar el cuento.
Terminar de leerlo no es tan importante como el proceso que toma leer con los niños. Haciendo que los niños participen con los personajes, entreteniéndolos con voces y cantos, así como repitiendo las frases, es suficiente para que ellos aprendan de la experiencia.
Y recuerde, los niños absorben su actitud hacia la lectura; si le encanta leer y es entusiasta durante la hora de cuentos, ellos también aprenderán a disfrutarla.
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Cristina Villota
Proveedora por siete años |
Tengo un niño de tres años con inclinaciones musicales, pero que no se queda quieto a la hora del cuento, así que busco libros con instrumentos musicales y pongo letras laminadas en la alfombra para que cuando baile, pueda ver las letras y cantar al mismo tiempo el alfabeto.
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Graciela
Proveedora por 7 años |
Empiezo mostrándole el libro al niño, de uno-a-uno. También leo con voz dramática y los niños realmente se involucran. Primero les cuento la trama verbalmente, y luego uso voces dramáticas mientras les voy leyendo el libro. Uno de los niños de tres años tenía problemas para quedarse quieto, así que traté de sentarlo en mi regazo durante la hora del cuento. Me ayudaba a voltear las páginas mientras leía el libro.
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